De Twitter a X: la red social más polarizante domina 20 años después
Adaptado al nivel B2 de una historia de El País (English).
Hoy se cumplen 20 años desde el lanzamiento de Twitter, que se transformó radicalmente tras ser comprada por Elon Musk en 2022 por 44 mil millones de dólares. Musk relajó las reglas, reincorporó cuentas suspendidas, despidió a moderadores de contenido y decidió que los propios usuarios moderaran mediante notas comunitarias, un sistema que ha demostrado ser insuficiente para garantizar información veraz. Ahora, X es una plataforma que, según varios estudios, difunde desinformación, prioriza contenido polarizante y promueve discursos de extrema derecha, además de servir como herramienta política para Musk, quien la usó para impulsar campañas electorales como la de Donald Trump.
A pesar de estos cambios, X atrae 585 millones de usuarios únicos mensuales, una cifra superior a los 370 millones que tenía cuando era Twitter. ¿Por qué los usuarios siguen confiando? La periodista Carmela Ríos explica que gobiernos y partidos políticos mantienen sus perfiles porque X sigue siendo el centro de la conversación política, aunque esta sea cada vez menos civilizada. El investigador Ekaitz Cancela sugiere que mucha gente idealiza el Twitter del pasado, olvidando que ya entonces tenía problemas de acoso y un modelo de negocio basado en datos. Ríos añade que X se ha convertido en un instrumento ideológico y entretenido, donde el contenido extremista tiene prioridad, aunque aún conserva un “ADN periodístico” que otras redes no han logrado reemplazar.
Ninguna otra plataforma ha superado a X en el ámbito de microblogging. Meta intentó con Threads, sin éxito, y Bluesky, que atrajo a usuarios exiliados, no ha pasado de 40 millones. La experta Lorena Jaume-Palasí señala que, aunque X es una máquina de desinformación, también ofrece acceso a información sin filtros en entornos represivos, como Gaza. En última instancia, muchos usuarios se quedan porque no quieren ceder espacio a voces extremistas o porque disfrutan del drama político, convirtiendo la polarización en una forma de entretenimiento, como describe Ríos: “un salón del Viejo Oeste donde puedes sentarte tranquilamente o unirte a la pelea”.
Historia original: El País (English) — Lingocito la reescribe en español del nivel B2 y siempre enlaza la fuente.