Homenaje en Buenos Aires al diplomático rumano que desafió al nazismo
Adaptado al nivel C1 de una historia de Buenos Aires Times.

En el Cementerio Británico de Buenos Aires, se llevó a cabo una ceremonia solemne que rindió homenaje a Florin Manoliu (1904-1977), un diplomático y académico rumano cuyo altruismo le valió el reconocimiento como “Justo entre las Naciones” por su labor humanitaria durante la Segunda Guerra Mundial, un título que subraya su excepcional coraje moral.
Entre 1943 y 1944, Manoliu colaboró estrechamente con George Mandel-Mantello, un diplomático judío con sede en Ginebra, para distribuir documentos de ciudadanía de El Salvador que protegían a judíos húngaros de la deportación inminente; en su cargo como consejero económico en Berna, Suiza, intentó transportar una valija diplomática que contenía cientos de esos documentos a través de territorio controlado por los nazis, enfrentándose a un arresto en Viena y a un interrogatorio en Berlín que, no obstante, no lograron que revelara su misión ni que perdiera los papeles, los cuales resguardó hasta asegurar su entrega posterior. En la misma misión, obtuvo copias de los Protocolos de Auschwitz —testimonios de fugitivos que detallaban meticulosamente el proceso de exterminio del campo— y se los entregó a Mandel-Mantello en Ginebra en junio de 1944, lo que permitió difundirlos en la prensa aliada, proporcionando así una de las primeras revelaciones contundentes al mundo sobre los horrores de Auschwitz.
Tras el conflicto, Manoliu enfrentó un proceso judicial en Rumania por cargos de corrupción, de los cuales fue absuelto; sin embargo, ante la creciente represión política que se intensificaba bajo el régimen comunista, huyó ilegalmente del país en 1947 y se estableció en Bahía Blanca, Argentina, donde más tarde enseñó en la Universidad Nacional del Sur (UNS) y se forjó una reputación intachable de integridad académica. La ceremonia reciente reunió a autoridades diplomáticas, líderes de la comunidad judía, académicos y representantes de organizaciones de derechos humanos, cuyo punto culminante fue la develación de un memorial a Manoliu, supervisada por el rabino Eliahu Hamra, quien reflexionó sobre la memoria como un acto de justicia que trasciende generaciones. El monolito, erigido por iniciativa del Cementerio Británico, se erige ahora como un recordatorio permanente de la valentía moral del diplomático y su inquebrantable compromiso con la defensa de la vida, mientras la jornada concluyó con una interpretación emotiva de la 'Oda a la Alegría', a cargo del trompetista Ruben de los Santos, como símbolo de esperanza y fraternidad entre las naciones.
Historia original: Buenos Aires Times — Lingocito la reescribe en español del nivel C1 y siempre enlaza la fuente.