El vínculo oculto entre el ballet y los síndromes de Ehlers-Danlos
Adaptado al nivel C1 de una historia de Pointe Magazine.
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El ballet, con su estética de líneas alargadas y extremidades flexibles, podría atraer de manera natural a personas con hipermovilidad articular. Sin embargo, detrás de esa supuesta ventaja se esconde un desafío clínico considerable: el síndrome de Ehlers-Danlos hiperlaxo (hEDS), una afección del tejido conectivo que, en el caso de Adriana Wagenveld, bailarina de Charlotte Ballet, se manifiesta en pies que se elevan quince centímetros al estirar las piernas, o en rodillas que se extienden más allá de lo habitual.
Los síndromes de Ehlers-Danlos (EDS) comprenden un grupo de trastornos genéticos que afectan la composición y estabilidad de los tejidos, con consecuencias que van desde la piel y los músculos hasta los órganos internos. Se estima que existen más de trece subtipos, aunque el hiperlaxo es el más frecuente, representando entre el 85 y 90% de los casos. La doctora Aiko Callahan, fisioterapeuta de Boston, anticipa que para finales de 2026 se publicará una clasificación revisada, lo que refleja el intenso debate científico que aún rodea estas afecciones.
En el ámbito del ballet, la doctora Linda Bluestein, exbailarina y especialista en hipermovilidad, señala que no hay datos concluyentes sobre la prevalencia de EDS entre bailarines, pero sospecha que muchos podrían padecerlo sin saberlo. La doble cara de esta condición es palpable: si bien otorga una amplitud de movimiento que beneficia la danza, también incrementa la vulnerabilidad a lesiones y fatiga. Wagenveld describe que sus músculos trabajan constantemente para compensar la excesiva movilidad de caderas, rodillas y hombros, incluso al permanecer de pie, lo que genera una tensión crónica que eleva el riesgo de padecer molestias articulares o musculares.
El diagnóstico de EDS suele ser un proceso largo y frustrante, y quienes lo padecen a menudo enfrentan incredulidad por sus síntomas fluctuantes. Bluestein aconseja a los bailarines que no subestimen su dolor y que aboguen por su salud, buscando especialistas que diseñen programas de tratamiento individualizados. Aunque no existe cura, la conciencia corporal y el fortalecimiento global pueden marcar una diferencia sustancial. Wagenveld, quien sigue un programa de estabilización, admite que muchos ejercicios parecen insignificantes por su pequeña amplitud, pero son fundamentales: "Reentrenan la línea de base de mi cuerpo y son difíciles, pero transformadores". El ballet, con su estructura y repetición, podría incluso servir como aliado en este proceso de autoconocimiento y gestión de la enfermedad.
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Historia original: Pointe Magazine — Lingocito la reescribe en español del nivel C1 y siempre enlaza la fuente.