El telescopio Hubble esclarece los orígenes primigenios de la Vía Láctea
Adaptado al nivel C1 de una historia de Universe Today.
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El consenso científico sostiene que nuestra galaxia, la Vía Láctea, alcanzó su tamaño actual mediante sucesivas fusiones con galaxias más pequeñas, un proceso que aún persiste, como evidencia la cercana galaxia enana de Canis Major. No obstante, la historia de estas colisiones permaneció durante mucho tiempo envuelta en incertidumbre, hasta que recientes observaciones del telescopio espacial Hubble han proporcionado evidencia concluyente de que una galaxia enana se fusionó con la nuestra en las etapas más tempranas de su evolución, cuando esta apenas comenzaba a consolidarse.
El estudio, liderado por astrónomos del Observatorio de Astrofísica y Ciencia del Espacio de Bolonia (OAS), contó con la participación de diversas instituciones internacionales y fue publicado en la revista Nature Astronomy. Hoy, la Vía Láctea se extiende unos 200.000 años luz y alberga cerca de doscientos mil millones de estrellas, pero su crecimiento no solo provino de la formación estelar interna en sus brazos espirales, sino también de la acumulación de estrellas foráneas y de la intensificación de la formación estelar que provocan estas fusiones, al comprimir las nubes de gas hasta desencadenar el colapso gravitatorio. La fusión más reciente, con la galaxia enana de Sagitario, comenzó hace más de seis mil millones de años y todavía continúa.
Para desentrañar las fusiones más antiguas, el equipo recurrió a los cúmulos globulares, conjuntos de estrellas venerables que actúan como fósiles cósmicos. Gracias a la excepcional resolución del Hubble, los investigadores precisaron la edad y la metalicidad de 39 cúmulos situados a 20.000 años luz del centro galáctico, identificando así una tercera población, más antigua que la procedente de la fusión con Gaia-Sausage-Enceladus —ocurrida hace unos diez mil millones de años— pero más joven que la intrínseca de la galaxia. Estos cúmulos revelan la existencia de una fusión previa, en la que la Vía Láctea absorbió una galaxia enana de 500 masas solares, bautizada como Low-energy-Kraken-Heracles (LKH), en referencia a investigaciones anteriores.
Este hallazgo retrocede el conocimiento de nuestra historia galáctica hasta hace 11.800 millones de años, apenas dos mil millones después del Big Bang, y pone de manifiesto que las estrellas nacidas en galaxias externas también contribuyeron a la formación de la nuestra, desafiando la visión tradicional que atribuía los primeros capítulos exclusivamente al interior de la Vía Láctea. Los investigadores planean continuar el análisis de cúmulos globulares para caracterizar todas las fusiones masivas que han esculpido nuestra galaxia, ampliando así la comprensión de sus orígenes más remotos.
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Historia original: Universe Today — Lingocito la reescribe en español del nivel C1 y siempre enlaza la fuente.